6-Tratamos de detectar tempranamente enfermedades en nuestros pacientes, con el fin de curarlos mediante el papanicolau, ultrasonidos, endoscopias, mamografías, biopsias,

o incluso, descubrir enfermedades genéticas y ayudarlos si es posible, a ellos o a sus familias.

7-Si la persona está enferma, tratamos de curarla, mediante tratamientos quirúrgicos o médicos, si es posible, o por lo menos, paliamos su enfermedad.

8-La rehabilitamos cuando es necesario.

9-Despues de muerto incluso, los patólogos tratan de ver la causa de muerte del paciente, por si hay factores de riesgo para la familia, o por problemas legales.

El problema es que la Medicina no es una ciencia exacta y, a pesar de los grandes avances diagnósticos y terapéuticos logrados al presente, las fallas por diversas causas son una posibilidad, pues el “azar” nadie puede preverlo, de manera que hay enfermos con la misma enfermedad, que responden muy bien a al tratamiento usual, y otros que no, aunque sea similar. Por esa razón, el médico, cuando ve por primera vez a un enfermo, no debe prometerle la cura de su mal, sino, señalarle, eso sí, que pondrá lo mejor de su capacidad y esfuerzos como profesional para intentar curarlo, ya que no somos dioses, sino meros mortales. Además, como muy bien Hipocrates había señalado, “el médico es un ayudante de la naturaleza”, ya que en la curación de una patología participan además, el sistema defensivo inmunitario y el regenerativo, entre otros, amén de la buena disposición de la mente para la curación.

No se debe olvidar que la medicina es la profesión a la cual, los seres humanos, en calidad de pacientes, acuden con más confianza o fe. Cuentan todos sus problemas, hasta los más íntimos, y se someten a todo tipo de exámenes y tratamientos, incluso con riesgo para su vida, previa explicación de la necesidad de ello, y con consentimiento informado. Debido a esa confianza que los pacientes tienen con nosotros sus médicos, la medicina no solo debe estar ejercida por profesionales con una buena preparación académica, sino que, además, el médico debe actuar con gran honestidad y tratar al paciente con todo respeto y consideración. Por eso, no debemos llamarlo cliente (como algunos les dicen en la medicina privada), sino que siempre debe calificársele respetuosamente como paciente, y sobre todo, reconocer la “dignidad” que, como persona, tiene, y tratarlo como quisiéramos ser tratados nosotros cuando estamos enfermos.

Dr. Juan Jaramillo Antillón Premio Magón 2016