dediquen parte de su tiempo a la enseñanza en dichos centros, lo cual sería factible si tuvieran dedicación exclusiva. Al mismo tiempo conviene contar con profesores únicamente en estos centros regionales, de preferencia con especialidad en Medicina Familiar.

Se han realizado esfuerzos aislados en este sentido, pero no representan un cambio significativo de la situación, al no corresponder a una política institucional, que nuevamente depende de una cohesión casi perdida entre la UCR y la CCSS. Los esfuerzos bien intencionados en la década de los 70, de usar al menos un curriculum integrado en la enseñanza de la medicina, fracasaron porque se trató de implementarlo dentro de una organización administrativa ya establecida en departamentos, y se olvidó que la integración precisa recursos, organización y flexibilidad, y no solo el intento de juntar cursos y textos.

La FM fue la que inició la formación de personal para la atención primaria, lo cual es un aporte importante, pero ha llegado el momento de revisar por qué no están funcionando como se esperaría la mayoría de los EBAIS, circunstancia que desde luego debe resolverse en forma conjunta entre la FM y el CENDEISSS.

El contrato UCR-CCSS para la operación de los EBAIS de los cantones de Montes de Oca y Curridabat, era una oportunidad única para que ambas instituciones pusieran en práctica una colaboración productiva, con un modelo que permitiera ensayar programas de docencia y de investigación en la Atención Primaria. Una oportunidad que lamentablemente no se aprovechó por un desafortunado litigio de índole económico.

Es incluso más preocupante que iniciativas exitosas planeadas y desarrolladas por la FM, como el Programa “Hospital sin Paredes”, que era un paradigma de la Atención Primaria, liderado por el Dr. Juan Guillermo Ortiz Guier, se haya suspendido desde hace muchos años. Estas son las decisiones políticas incomprensibles emanadas de nuestras instituciones.

La implementación de un programa robusto de la especialidad de Medicina Familiar, es una tarea urgente que tienen que desarrollar la CCSS y el Ministerio de Salud, con el soporte académico de la FM.

Los médicos que hayan realizado con éxito esta especialidad, tendrían aún una mayor capacidad resolutiva en los EBAIS y en las clínicas, y bien supervisados disminuirían las listas de espera de los hospitales. Estos especialistas en Medicina Familiar asignarían y supervisarían las labores de los médicos generales.

La supervisión de los EBAIS y las clínicas la realizarán los especialistas que trabajan en los diferentes niveles de la red de servicios de salud. Si a todo esto le sumamos un análisis de resultados y programas de investigación, tendríamos un modelo asistencial mucho mejor que el actual.

El reciente pronunciamiento de la Sala Constitucional, que faculta a las universidades privadas a firmar convenios para realizar programas de especialidades médicas en los hospitales de la CCSS, al mismo nivel de la UCR, que era la única que tenía esa potestad, es un ejemplo preocupante del progreso que ha alcanzado esta tendencia enfocada en debilitar la relación UCR-CCSS.

Como alternativa, más bien debe estimularse y realizarse la idea de que las universidades privadas cuenten con clínicas y hospitales propios, donde desarrollen sus actividades docentes y de investigación, al mismo tiempo que ofrezcan a la comunidad una atención médica básica de costo moderado.

Las especialidades médicas se iniciaron en la Facultad de Medicina (FM), y esto fue un logro medular. No obstante, de acuerdo con la organización estructural de la UCR, estos programas fueron asumidos enseguida por el Sistema de Estudios de Posgrado (SEP), con la consiguiente exclusión de la FM; inexplicablemente, no se ofreció ninguna resistencia.

El SEP, no obstante, se ha limitado a dar el aval, ya que la UCR se desentendió de las especialidades médicas, delegándolas al CENDEISSS de la CCSS, el cual se crea con el nombre de Centro de Docencia e Investigación en Salud y Seguridad Social, con lo que usurpaba la función académica a la UCR. En fecha posterior, en lo que no parece ir más allá de un reacomodo de sus siglas, se ha llamado Centro de Desarrollo Estratégico e Información en Salud y Seguridad Social, lo que ha contribuido a desdibujar más su identidad. Esto ha creado un estado de indefinición de competencias entre ambas instituciones, que requiere una revisión urgente.

Como signo preocupante de su continuado desinterés, la UCR no asigna carga académica a los profesores de posgrado, quienes colaboran de manera voluntaria en la preparación de los especialistas.

La indefinición en cuanto a responsabilidades y competencias en el diseño y seguimiento de los programas de especialidades médicas, ha llegado a tal punto que se pide una tesis como etapa final de los programas, pero no todos la hacen, y en la mayoría de los casos se efectúa sin tutor y sin controlar su calidad. Mantener ese requisito en tales condiciones, para tratar de darle una imagen de seriedad al programa, es una peligrosa transgresión académica.

Es imperativo, en primer lugar, que las especialidades médicas se reasignen a la FM, por medio de los Departamentos de Área Clínica de la Escuela de Medicina en los hospitales, como una continuidad del grado.

Se debe crear un régimen de dedicación exclusiva financiando su salario por parte de la CCSS y de la UCR, donde los profesores de esos departamentos puedan desarrollar su labor asistencial junto a la docencia. Organizados en esa forma sería factible lograr ayuda internacional complementaria para la investigación. Desde luego, la desconfianza permanente que han manifestado las auditorías institucionales al respecto, tendría que ser superada. Todo lo anterior daría como resultado una mejor calidad de la enseñanza y facilitaría notablemente la investigación en beneficio de la comunidad.