base en el convencimiento y según los mejores razonamientos y experiencia en el campo; así fue él.

No conforme con lo que hacía, siempre buscaba un nuevo sueño por el cual luchar. Las personas superiores emiten una luz constante que irradia a los que se les acercan. Por eso logró establecer diferentes grupos de amigos, que serán los responsables de continuar su obra.

Era amante del deporte, la lectura, la música clásica y auspiciador de la Orquesta Sinfónica Nacional. Disfrutó cada momento junto a sus tres hijos, siete nietos y su esposa Cecilia, con quien estuvo casado durante cincuenta y cinco años.

En diferentes foros pediátricos, se presentaba para disertar sobre distintos temas de su especialidad, de forma reciente, sobre los problemas de comportamiento en niños que habían tenido anemia por deficiencia de hierro en las primeras etapas de su vida, y que lamentablemente quedaron con secuelas permanentes, estudios realizados con la pediatra norteamericana Dra. Betzy Lozoff.

Entre sus innumerables publicaciones pueden citarse no solo las de su especialidad hematológica, sino capítulos y libros de Pediatría para médicos y padres. Debido a la muerte de su hijo en un trágico accidente automovilístico, tuvo que declinar su participación en la Enciclopedia Iberoamericana de Hematología, dirigida por el insigne médico español don Antonio López Borrasca.

El Maestro Jiménez fue un ser humano excepcional, que supo implantar ideas que prevalecerán por muchísimos años. Nadie de los que estuvo a su lado podrá jamás decir que no fue conmovido por su gran poder de síntesis, por la casta que sacaba ante las emergencias, pero sobre todo, porque valoraba por igual al más humilde de los trabajadores del hospital que a las autoridades superiores. Podría decirse que fue un verdadero caballero andante, por inculcar en sus discípulos la universalización del conocimiento y el uso de principios y valores morales que los convirtieron, sin duda, en mejores seres humanos.

Al despedirlo sentimos tristeza, pero a la vez, un gran orgullo de haber podido estar a su lado durante más de cuatro décadas.

Dr. Rafael Jiménez Bonilla Miembro de Honor Academia Nacional de Medicina [email protected]