una enfermedad, en este caso la α talasemia, en una población que presenta otra enfermedad, la β talasemia, en el tanto que el doble heterocigoto conserve alguna protección contra la malaria. Nótese que el homocigoto para α talasemia, generalmente resulta en enfermedad severa, con la consiguiente disminución del valor adaptativo en poblaciones con un genotipo normal para las cadenas β. Por otro lado, en algunas poblaciones coevolucionan los rasgos de la HbS y de las α talasemias. En este número de la Revista, Cartín, Calderón y Acevedo presentan el primer caso estudiado en Costa Rica.1 Aquí también la α talasemia confiere un efecto protector mejorando los parámetros hematológicos y, aunque selectivamente, también disminuye la severidad del estado homocigoto, o sea, la anemia drepanocítica o de células falciformes. Sin embargo, a diferencia de la interacción entre las αy las βtalasemias, en la coevolución de la HbS y el rasgo α talasémico se pierde el efecto protector contra la malaria. En este caso se presenta un efecto epistático positivo en cuanto a la mejoría hematológica y clínica, y un efecto de epistasis negativa a nivel poblacional, ya que se ha observado una disminución del rasgo de la HbS en presencia de la talasemia, que al no responder a la presión selectiva de la malaria, dismimuye su propagación, e inclusive puede llegar a desaparecer como es el caso de poblaciones mediterráneas, en que puede decirse que el rasgo falciforme ha sido desplazado por el rasgo talasémico. Estas interacciones epistáticas son complejas a nivel clínico, celular, molecular y poblacional, aun en modelos “simples” de trastornos monogénicos como las hemoglobinopatías. No obstante la mucho mayor complejidad impuesta por las enfermedades poligénicas, estas observaciones ayudan a entender por qué se mantienen rasgos genéticos y enfermedades en una población, ya que en algún momento llegaron a mitigar el efecto de otras.

Otros procesos genéticos como la pleiotropía y genes “polizón” contribuyen a mantener la presencia de enfermedades en determinadas poblaciones. Por otro lado, como señalan los autores del artículo con el ejemplo de la α talasemia, el flujo génico, o sea, la inmigración de poblaciones foráneas, introduce alelos y genotipos que resultan en nuevas enfermedades en la población receptora. Estos procesos genéticos y otras fuerzas evolutivas como la mutación y deriva genética que, además de la selección natural contribuyen a cambiar las frecuencias alélicas, inclusive contrarrestando la función “purificante” de la selección natural, explican en parte por qué persiste la enfermedad, lo cual trataremos en una publicación posterior.

Carlos de Céspedes Montealegre Editor Acta Médica Costarricense

1. Cartín-Sánchez W, Calderón-Brenes M; Acevedo-Viales K. Herencia conjunta de α+-talasemia y portador de hemoglobina S. Acta Méd Costarric. 2019; 190194